¿Cómo y cuándo comienza la desigualdad?

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Antes de nacer, el entorno que recibe a niñas y niños tiene expectativas diferenciadas respecto a lo que unos y otros van a ser a lo largo de la vida, marcando el inicio de la desigualdad. Los adultos escogen un nombre y preparan el ambiente familiar, estableciendo diferencias, fomentando, estimulando y orientando a las niñas a las actividades domésticas, de cuidado y maternales y a los niños hacia actividades que requieren de ingenio y creatividad, mayor riesgo y fuerza.

Así, los estereotipos y prejuicios en torno a los roles sociales de los hombres y de las mujeres, presentes en la costumbre y la tradición, se traspasan de modo imperceptible, influyendo en cómo nos vemos y cómo nos ven los demás, en qué áreas del conocimiento tendremos mejor desempeño y por lo tanto también nuestras decisiones vocacionales y laborales. Todo ello, limita las potencialidades de cada una, al estimular o reprimir comportamientos en función del género.

En Chile nacen...

niños

Fuente: INE, Estadísticas Vitales, 2015.

Las niñas comienzan con más habilidades que los niños

Las niñas nacen, en promedio, con menor peso y talla, y además, durante los primeros años de vida tienen habilidades cognitivas, sociales, adaptativas y de comunicación más desarrolladas que los niños. Tristemente, esta ventaja queda atrás a medida que crecen en entornos que no las incentivan en su aprendizaje integral.

Puntaje estandarizado en Test Battelle (9 a 23 meses), según área, por sexo, 2010
Puntaje estandarizado total en Test de Battelle por sexo 2010 y 2012

Fuente: Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) 2010, 2012, que aplica el Inventario de Desarrollo Battelle para evaluar habilidades fundamentales del desarrollo en niñas y niños en 5 áreas: Personal/ Social; Adaptativa; Motora; Comunicación y Cognitiva.

Las diferencias según la capacidad adquisitiva de los hogares en que los niños y niñas crecen, también influyen en el desempeño de estas habilidades. De hecho, los infantes de hogares más pobres obtienen, en promedio, un peor desempeño que los de hogares más ricos. La brecha de género se expresa de la misma manera.

Puntaje Estandarizado total Test Battelle (9 a 23 meses) según decil de ingreso del hogar, por sexo, 2010
Puntaje Estandarizado total Test Battelle (33 a 47 meses) según decil de ingreso del hogar, por sexo, 2012

Fuente:Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) 2010, 2012, que aplica el Inventario de Desarrollo Battelle para evaluar habilidades fundamentales del desarrollo en niñas y niños en 5 áreas: Personal/ Social; Adaptativa; Motora; Comunicación y Cognitiva

El contexto familiar y social en que nacen y crecen niñas y niños cambió

Han aumentado las y los nacidos que tienen madres solteras. En 1990, dos tercios (65,7%) de las y los niños tenían una madre casada al momento de nacer y en la actualidad casi tres cuartos (71,5%) tiene una madre soltera al momento del nacimiento.

Han aumentado las niñas y niños de 0 a 5 años que viven solo con uno de sus progenitores, por lo general, con la madre. En 1990, 8 de cada 10 niños/as vivía con ambos progenitores, hoy esta proporción ha disminuido a 6 de cada 10 niños/as. La estructura familiar de los menores varía según el nivel socioeconómico de sus hogares; a mayor nivel de ingresos, mayor es la proporción de niñas y niños que viven con ambos padres.

 

Si bien la incidencia de la pobreza en los menores de 5 años ha disminuido considerablemente, la tasa de pobreza no extrema (12,5%) y pobreza extrema (6,3%) para este grupo son mayores que las del resto de la población infantil, e incluso, casi duplican a las tasas de la población mayor de 18 años.

La incidencia de pobreza en menores de 5 años era de

1990

 

Fuente: Encuesta CASEN 1990

 
 
 
La incidencia de pobreza en menores de 5 años es de

2015

 

Fuente: Encuesta CASEN 2015

Niñas y niños registran menos asistencia a las salas cunas y más al pre-kínder y kínder

La asistencia a la Educación Parvularia se triplicó en las últimas dos décadas, en niñas y niños menores de 5 años. Sin embargo, pese a los avances, la utilización de jardín infantil es seis veces mayor que la utilización de sala cuna.

Tasa neta asistencia a Sala Cuna Menor y Mayor (0 a 2 años), por sexo, 1990, 2000 y 2015
Tasa neta asistencia Nivel Medio Menor (2 a 3 años), por sexo, 1990, 2000 y 2015
Tasa neta asistencia a Nivel Medio Mayor (3 a 4 años), por sexo, 1990, 2000 y 2015
Tasa neta asistencia a Pre kinder (4 a 5 años), por sexo, 1990, 2000 y 2015
Tasa neta asistencia a Kinder (5 a 6 años), por sexo, 1990, 2000 y 2015

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN 1990 , 2000 y 2015.

Conclusiones

En la primera infancia, aun cuando no se constatan brechas de género relevantes -salvo, las que se presentan a favor de las niñas en los test de desarrollo social, adaptativo, cognitivo y de comunicación-, los factores socioculturales juegan un rol clave en la socialización temprana. La forma en que se modelan y valoran las actitudes en función de lo que se espera que sean y cómo deben comportarse según el sexo, sumado a los juguetes, los juegos, los cuentos infantiles, los dibujos animados, entre otros agentes de socialización que resultan tremendamente estereotipados, reproducen la tradicional división sexual del trabajo (hombre proveedor-mujer cuidadora), y determinan que niños y niñas no se encuentren en igualdad de condiciones para proseguir su desarrollo durante la etapa escolar, en perjuicio obviamente, de las mujeres.

Recomendaciones

  • Continuar la política de ampliación de la asistencia de menores a salas cunas y jardines infantiles, sobre todo, poniendo a disposición de las madres y padres trabajadores, una oferta con horarios que hagan compatible el cuidado institucional con el desarrollo de su actividad laboral.
  • Priorizar acciones que promuevan la calidad de los establecimientos de educación inicial, tanto públicos como privados. Ello, a fin de aprovechar su potencial para promover un desarrollo más equitativo de niños y niñas.
  • Abordar decididamente los estereotipos de género en todos los espacios de socialización, y particularmente en el sistema educativo y los medios de comunicación, para visibilizar y desnaturalizar los sesgos que inciden en el desarrollo integral de niños y niñas, quienes debieran crecer sin ser encasillados en uno u otro rol tradicional, vinculado a su sexo de pertenencia.

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